Bonjour Tristesse
- Daniel Barrera
- 29 nov 2019
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 17 dic 2019
Seño, esto más que una pregunta, es una reflexión.

El fanzine es una plataforma para el malestar subjetivo. En Octubre (24-27) de 2019 aconteció en Sevilla (Andalucía) la tercera edición del festival Skisomic, una zona de contacto donde poner en común diversos medios de autoedición. Es la propia autoedición del fanzine la que siempre me ha parecido política por emancipatoria desde una determinada marginalidad, o desde un determinado producto que siempre queda fuera de los circuitos comerciales tradicionales.
Por supuesto hayan su origen y nacimiento en una determinada ficción o en un producto mayor, en una suerte de fenómeno fan (en concreto nacen en torno a la obra de Lovecraft, si no recuerdo mal) o de música, o vehículo para expresar ideas políticas (yo conocí este formato desde la revista Voz de los sin voz que imprimía el grupo político y católico de mis padres, y profundicé en él y lo acepté en las ferias anarquistas del libro que se realizaban en Sevilla). Así empezaban las publicaciones de Voz de los sin voz:
Frente a la censura que suponen los precios de los libros, principalmente ocasionada por el circuito comercial establecido en este sector, agradecemos a los autores y trabajadores que hacen posible Voz de los sin voz(…) el libro sigue siendo artículo de primera necesidad de la cultura de los pueblos y debe ser tratado como tal y no como instrumento de negocio.
O así era antes. En el manifiesto de la revista publicada en febrero de 2018, VVAA (número cero) escribí:

Esta revista que tienes entre las manos nace de la necesidad de dar cohesión a aquello que mi entorno decía; por lo que en definitiva, no es más que un producto de la necesidad de expulsar lo intimista de la rabia que gente cercana a mí siente. Hacer que tomara forma el mensaje y se emancipara de sus conciencias y de mí, llegando a todo el mundo (…) Voces anónimas, por la vocación de escribir y ser leídos sin jugarnos el físico en lo escrito (…) Voces porque son múltiples, y son a la vez una sola que ni siquiera busca estrictamente ser coherente en todo su mensaje, si no abrazar la contradicción y avanzar desde ahí. Voces conformadas a su vez por palabras, que son nuestra metralla. Artículos que no son si no una herramienta para señalar al enemigo, aniquilarlo. Voces que en definitiva buscan construir, pues para dejar de lado la lucha, para soltar el fusil; no hace falta otra cosa que haberlo cogido primero. Ojalá un proyecto que parte de mí (quizás otra razón para su anonimato es que sea de todos, colectivo) se emancipe de mí mismo y camine con paso propio, decidido. Constituido por todxs.
Menos de un año después hice mi primer fanzine, que hablaba de estar mal, de la depresión y de la ansiedad. Lo escribí en Italia, y en la distancia vendí cerca de cuarenta copias gracias a la primera edición del Skisomic. ¡Estaba que me subía por las paredes de alegría!
Me dió mucho subidón. Para la tercera edición labré un boceto que se llama Resiliente y que dudo que se vaya a publicar. El problema estaba en que mi concepción de VVAA había cambiado radicalmente a una posición diversa, y yo ni me había dado cuenta:

El fanzine es crear para un círculo reducido. Es un arma a media distancia. Es mi derecho a escribir, la palabra por la palabra y la ausencia de compromiso con un otro. La mínima revisión para que esto no sea un tostón infumable y la satisfacción en cada letra. El camino a ser artistas imperfectos, que carezcan de éxito o futuro. Es la escritura mínima, la autonomía y la palabra por la palabra. La capacidad de mostrarme como quién soy, como un sujeto a voces, mostrarme en el anonimato o poner nombres y apellidos. Ser yo mismo, hacia vosotros, sin la voluntad de transgredir o trascender más allá de los delirios de grandeza que tenemos todos aquellos a los que nos falta desde la voluntad creadora, quizás un poco de honestidad que dirima entre un buen texto y el parlucheo.
Total, yo estaba allí esta edición del Skisomic comentando con mi compañera Valle en la puerta mientras nos echábamos un cigarrito lo grave de una situación que no es susceptible de boikot o bloqueo porque haya la raíz en mí (como en ti). El fanzine había transmutado de una plataforma que expresaba diversas maneras de expresarse contra-culturalmente a una especie de museo de dramas y problemas personales, donde se hallaban en exposición miserias, conversaciones de whatsapp y emails impresos. Nos habíamos convertido en observadores desde la distancia de nuestras propias problemáticas personales, en fans de ellas y si bien los primeros formatos de autoedición giraban en torno a un proyecto personal o interpersonal más grande, hemos caminado hacia un formato que habla de lo mal que estamos. Y esto no es positivo o negativo, sino significativo de que estamos, cada vez más, jodidos. Valle usó una palabra para mí clave a la hora de entender este proceso: el Malestar. Precisamente el fanzine quedaba para articular un malestar subjetivo en la totalidad, y no vimos en qué se parecían todos por torpeza.
Exponerlo por supuesto es un paso a la comunicación del problema, y quizás sea una herramienta para la liberación propia, ¿pero es emancipatorio?
Y en este sentido no son cambios contraculturales, porque la propia marginalidad del producto determina la norma del producto cultural oficial. A lo que voy es, ¿el fanzine más que un producto cultural no traza más bien las líneas de un grupo poblacional que entre estertores hace por vivir? ¿En qué momento hemos pasado de organizarnos políticamente a estar así de mal? ¿Por qué?
Ray Brassier habla del fenómeno de la apoptosis celular en Nihil desencadenado de la siguiente manera:
La apoptosis es un tipo de muerte celular en la que la célula recurre a unos mecanismos celulares especializados con fin de poner fin a su vida; un mecanismo de suicidio celular que permite a los metazoarios controlar el número de células y eliminar aquellas que amenazan la vida del animal.
También expone el caso de ciertos insectos hoja, estos se mimetizan con el entorno de tal modo que lucen como su propio alimento, lo que lleva al canibalismo entre su especie, y a un correcto control o autocontrol de la población de la misma. La cuestión es, hasta donde llega la autodestrucción y si esta es liberadora. El malestar nos había transformado, y el fanzine dejaba tras de sí una única estela, y como la célula y cigarro en mano yo también estaba funcionando como funciona la apoptosis. La cuestión creo que es sencillamente una cuestión clásica ¿cómo desplazar nuestro malestar subjetivo a un acto que logre trascender en lo objetivo? Y perdónenme por la expresión, pero ¿cómo frenar nuestra apoptosis para devenir cáncer, un tumor maligno en la carne del sistema? ¿cómo convertirnos en colapso, como colapsan por ejemplo las funciones de onda?
Imágenes de Carmen Márquez Troya
Texto de Daniel Barrera
Ambos integrantes del colectivo Manolo en la Cruz, Sevilla, España


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