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Criogenización

  • Emilia Martínez
  • 1 dic 2019
  • 3 Min. de lectura

Inadaptación como acto de resistencia


Una luz cálida inunda el cuerpo desnudo, una gacela morena abraza al aire neutro, olor blanco, sonido blanco: es una criogenización semiconsciente en donde el sujeto es sensible a determinado tipo de estímulos, éstos son escogidos previamente por el sujeto en lucidez. (Es en realidad la percepción controlada, una improbabilidad latente, ya que los sentidos pueden ser alterados incluso de manera orgánica e interna. Los neurotransmisores y las hormonas siguen ciclos contrastantes que hacen que no se tenga la certeza de cómo se reaccionará ante tal o cual incentivo). Se le rodea al sujeto sólo de lo que le parece deseable, pero de manera más objetiva, se le desposee de todo lo que le parece indeseable, se le procura un balance negativo de ambos valores para maximizar la probabilidad de un estado de sosiego. Este proceso es personalizado y debe ser desarrollado con toda la disposición del sujeto a criogenizar.

He estado distante. Estoy embalsamada de todos ustedes y necesito absorberlos para poder constituirme a mí misma. Me duele la espalda, se acalambra cada vez que salgo y los escucho. Voy a descansar por tiempo indefinido de pepenar en la basura a ver qué encuentro de bueno, me largo a la Nueva España en busca de oro.


No veo injuria alguna en la decisión de dejar de olfatearles la mierda, de focalizar mi visión, de mirar sólo este atardecer dorado que se ve pasar sobre una piel nacarada. Esto sería en realidad entregarme a mí misma, a mi voluntad verdadera que es irrevocable e intransferible. Quizás algún día consiga un nivel de concentración adecuado para poder leer sus solicitudes pendientes, pero me he postrado a leer un recetario de cocina, a masturbarme con una toronja, a beberme mis propios fluidos para saberme bien.


El TDAH es un mecanismo implementado para adscribir en la enfermedad a todo aquel que se doblegue ante jornadas repetitivas de más de 9 horas al día. La dispersión es resistencia.

La sala es oscura, el ochenta por ciento de lo que se distingue es negro y, en ciertos ángulos, los rostros de los asistentes se tornan de un rojo oxidado. Cigarrillos mojados en meados inundan el ambiente. En la pista de baile un homosexual gordo vestido con un kimono de estampado de leopardo, frota su ano al ritmo de tambores africanos contra la rodilla de una mujer alta y delgada de rasgos toscos que podría pasar por travesti, pero que es biológicamente una mujer (nació con un coño).

A excepción de esta pareja, las tres decenas de gente restantes miran hacia el suelo, se acercan a saludar y pasan por los pies unas cajas metálicas con pantalla verde. Son scanners que verifican la autenticidad de los zapatos. Si se encuentra un par ilegítimo, el sujeto deberá ser consignado a las autoridades inmediatamente, quienes lo juzgarán y lo confinarán a beber de su orina o al destierro presencial. (En esta clase de destierro, el condenado no es transferido de territorio, sino que más bien es desacreditado e ignorado hasta que quede confinado a la soledad al punto de dudar de su propia existencia).

Son la mayoría aburridos, se han cuajado en los mismos tres bares, en los mismos dos pares de zapatos que vieron en alguna de las fiestas a las que asisten las mismas personas. Han tenido durante toda su vida en la boca el sabor férreo del polvo del desierto, que seca la boca y eventualmente las mucosas de la nariz, los ojos y los genitales. Por eso no bailan, y si lo hacen tienen que detenerse rápido porque sus entrepiernas no soportan la fricción, la forma natural del placer les parece grotesca y les hace sangrar.


Hoy no veo los millones de colores que conocí en alguna noche de pastillas...

...Los sonidos no son caledoscópicos, el mundo no es más una extensión de mí como lo era anoche, la materia no me responde, pero sospecho que sí me escucha y me ignora para mantenerme en este estado de paranoia. Yo muevo. yo estiro, yo grito y pataleo, lamo y escupo pero no hay ninguna reacción. Conozco el juego, ignoraré a la materia que me ignora hasta que ninguna de las dos existamos realmente, desaparecemos con la ausencia de conciencia la una de la otra, nos iremos al condenado carajo juntas.


Texto e imágenes

Emilia Martínez, San Luis Potosí, México

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