¿Cuánto se tarda un hombre en llorar?
- Sebastián Guerrero
- 28 nov 2019
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 24 jul 2020
Un cuchillo sobre la masculinidad
Es innegable, en la actualidad las nuevas formas de pensamiento cuestionan el pasado, lo corriente empieza a oler a viejo, y a ver si es verdad, evolucionamos. La nueva revolución ideológica que se vislumbra en el horizonte resulta muy necesaria, pues ha venido puntualizando y señalando las conductas y comportamientos, que en lo cotidiano se han normalizado a pesar de su profunda naturaleza machista, que son el peligroso origen de actos aún más graves.
En los últimos años se ha dado la pauta para cuestionar la idea de los roles de género, desde estas ideas la autora de esta obra, Itzae Ramírez indaga en la temática de la masculinidad ¿Qué entendemos por ser hombre y qué significa serlo?
En una sociedad con una cultura tan profundamente conservadora y tradicionalista como la mexicana, resultan atípicas otras formas de masculinidad que la formada y aceptada a partir de los arquetipos del hombre fuerte, viril, macho. Desde siempre crecer rodeado de tantas figuras interpretando este papel, hace que uno acepte a esta como única realidad, negándose así a la idea de que un hombre pueda ser otra cosa, por culpa de esto, la fragilidad, la sensibilidad o el simple acto de llorar, se convierten en caracteres impropios de la imagen del hombre tradicional.
Es en este contexto en el que Itzae hace frente a esta realidad, en su pieza ¿Cuánto tarda un hombre en llorar? desentraña el mito mexicano y universal de que los hombres no lloran. Tal como su nombre lo indica, Itzae pidió a familiares y amigos varones que picaran cebolla hasta comenzar a llorar, entonces en ese momento de llanto, someterles a diversas preguntas sobre las normas ligadas a la hombría. Si bien es cierto que este llanto resulta superficial, en tanto que no son lágrimas ocasionadas por una condición real. La idea de jugar con la fragilidad de la masculinidad a partir de un ejercicio tan sencillo, hace que ese estigma al llanto quedé aún más en evidencia.

Entrevistamos a Itzae para indagar más en su obra:
¿Por qué te interesa este tema en particular?
Desde mi perspectiva como mujer, me parece absurda la frase “los hombres no lloran” porque fui educada de esa manera. En general trabajo en torno a micromachismos, los cuáles ya no cuestionamos y que son fruto de una construcción social, por lo que me interesa fracturar esos estereotipos y explorar la posibilidad del “¿qué pasaría si...?” Los entendiéramos de otra manera, o reaccionáramos de otra forma frente a ellos.
¿Con qué dificultades te encontraste al realizar esta obra?
Mi papá es un hombre que no llora, lo he visto llorar muy pocas veces en mi vida. De hecho para este ejercicio mi papá no lloró, pienso que habla de una resistencia muy fuerte a dejarse llevar por el llanto, él me dijo “puedo seguir picando cebolla y nos podemos quedar aquí el tiempo que quieras, pero no voy a llorar porque el sentimiento no está ahí”. Ni siquiera llorar como reacción natural del cuerpo. Siento también que de haberlo presionado más, él finalmente hubiera cedido, pero yo no estaba lista para seguir haciéndolo, y él tampoco me dijo lo que yo necesitaba saber con la pregunta que le planteé y respondió de forma muy subjetiva.
Esta forma de trabajar con testimonios y saber guiar al otro para que te proporcione la información que necesitas, es algo que me ha costado realizar a lo largo de mi labor artística, porque es tener mucha sensibilidad y saber escuchar a la otra persona, es muy valioso para mí el archivo que se genera trabajando así, sé que de otra manera no lo conseguiría.
“Puedo seguir picando cebolla y nos podemos quedar aquí el tiempo que quieras, pero no voy a llorar porque el sentimiento no está ahí”
¿Qué implicaciones tiene para ti personalmente que los hombres de tu familia participen en él?
Hace que la pieza sea demasiado autorreferencial, incluso más que si se tratara de un vídeo en el que apareciera solo yo. Pero en este caso el vídeo conserva mi interacción con otras personas, captura como fueron ellos conmigo y yo con ellos en ese momento, eso es algo que no se puede volver a repetir ni controlar, pues el grado de confianza que yo mantuve en ese tiempo y mantengo hasta el día de hoy con ellos, propiciaron que fluyera una convivencia especial y natural en cada caso. Por eso se acerca mucho a mí, podía controlar como yo me dirigía con ellos, pero no al revés, no me esperaba como iban a reaccionar, el resultado estaba en ellos. Además, que se trataba de mis amigos, mi novio y mi papá. El espectador puede ver mi relación íntima con estas personas, expuse a la gente que le tuve y le tengo afecto.
¿Por qué trabajar con la idea de las masculinidades?
Mi camino hacia el feminismo comenzó al reflejarme en el género masculino. Mi método de trabajo fue en su momento (y hasta ahora en algunas ocasiones) identificar el concepto que me estaba causando conflicto, específicamente uno que me causara enojo porque produzco desde ese sentimiento, lo trasladaba al género masculino, es más fácil hablar de uno mismo cuando no se está siendo expuesto. En el camino aprendí otras perspectivas del género masculino a las que yo imaginaba. Me daba miedo hablar de mí directamente desde del género femenino. Mi camino dentro de las masculinidades me ha servido para introducirme y formarme en el feminismo.
Es más fácil hablar de uno mismo cuando no se está siendo expuesto.
¿Cómo estas actitudes de los hombres te afectan en tus contextos?
Me conflictúan demasiado, pero es muy difícil hacérselo ver a las demás personas, dentro de mi cabeza tienen perfecto sentido, pero al explicarlo o ponerlo en una plática es muy difícil para mí, por eso pienso que mis últimos trabajos se han centrado en visibilizar, más que en solucionar el problema, necesito bajar la teoría a prácticas comunes. También, dentro del hartazgo de convivir con estas prácticas que identifico en mi vida, me he encontrado pasándolas por alto o evitando discusiones entorno a ellas, porque me hacen dudar de mi postura, las veo tan normales que me hacen plantearme el hecho de que estoy siendo una exagerada. Es un ciclo en donde a veces me siento segura al defender lo que hemos pensado muchas mujeres a lo largo de la historia y a veces no, porque creo que no va a cambiar.
¿Cómo crees que se modificaría tu vida si estas actitudes cambiaran?
Me gustaría pensar que cambiarían las cosas a gran escala porque todo es una cadena, si cambian las micro acciones, hay posibilidad de que lo hagan las mas grandes, pero al mismo tiempo pienso que resultaría otro sistema de organización social con diferentes (o tal vez no tanto) problemas, es el ciclo de la ruptura e instauración.
Puedes ver la obra completa de Itzae aquí.
Autora de la obra:
Itzae Ramírez, San Luis Potosí, México


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