Una retórica de muerte
- Missael Rivera
- 2 dic 2019
- 5 Min. de lectura
Tragedias de carretera
En un país plagado de cuerpos muertos, Erika trae a la vista uno de ellos, lo expone, lo ilumina, lo trae hasta nuestros ojos para ponernos a pensar en sus circunstancias. La estética de lo violento es una decisión constante pero también inconsciente, en un lugar donde la violencia es cosa de todos los días. Los cuerpos, sobretodo los muertos son algo que hay esconder, una cosa que sucede en la oscuridad de las morgues, en los fondos de los cementerios o en medio de ningún lugar, siempre ocultos. Una pieza que a la vez es un cadáver viene a ser una comprobación del final de la vida, en un país dónde no es necesaria la reiteración de la muerte, si no la reflexión de nuestra reacción ante ella.

Erika Zavala ha traído un cuerpo frente a nuestros ojos, tras terminar un arduo proceso que no solo ha sido difícil en la práctica, teniendo que aprender sobre los procesos técnicos de la conservación de los cadáveres, también tuvo que lidiar con una profunda tristeza al realizarlo. "Mi motor ha sido la nostalgia" nos dice hablando de la sensación profundamente personal que ha devenido en esta pieza artística, Erika perdió a un amigo y eso le hace hablar de todos los amores que ha perdido el mundo en medio de una oscura carretera. La posibilidad de trabajar un cuerpo muerto, de atraerlo hasta la nueva vida que ofrece el arte, el museo, la mirada del otro, la posibilidad de ser visible, construida solo desde el dolor personal.
Podríamos preguntarnos sobre el derecho que tenemos o que tiene el arte sobre los cuerpos de otros, pero antes de responder, tendríamos que tomar en cuenta ese momento cuando la intención artística es la de un enlace entre una realidad y otra, y cuando esta se ha cumplido. En segundo lugar deberíamos cuestionar el suceso social del museo, es decir ¿Cuál es la diferencia entre colocar un cadáver en una caja blanca o que este animal muerto sea visible para todos en medio de una carretera? ¿En realidad nos incomoda el uso de los cuerpos o nos incomoda el recordatorio de estas prácticas? ¿No será que simplemente la vida es más cómoda ignorando las posibilidades de violencia que existen constantemente en el mundo? Al final la obra de Erika detona algunas preguntas que pueden ser atraídas para discusiones igualmente complejas, en torno a otras formas de morir que existen en este planeta, en este tiempo.
¿Qué nos incomoda de un cuerpo muerto? ¿Qué haya muerto? ¿La forma en que murió? ¿O que esté frente a nuestros ojos recordándonos la realidad que de alguna forma u otra intentamos evitar?

A continuación Erika responde a algunas de nuestras inquietudes en esta entrevista:
¿Crees que la muerte puede ser un recurso estético?
Yo no creo en la muerte como recurso estético, creo que la muerte en este país es algo cotidiano, que es tan normal que ya no nos sorprende, que nos hemos adaptado visualmente. Ya no nos problematiza.
¿Crees que la violencia ha contribuido a la estética de lo cotidiano?
Yo creo que no ha contribuido, la estética es, antes de contribuir. Es un tema muy amplio porque ¿Qué es estética? Es algo complicado, yo tomo estética como armonía, por ejemplo la pieza de los perros es algo grotesco, pero tiene una armonía visual cuando es presentada y se anula su brutalidad. En la pieza queda el esqueleto limpio, a la intemperie.
Me sentí invasora, sentí que le falté al respeto al cuerpo del animal, en mi interior le llegué a pedir disculpas: "Lo siento pero si no hago esto, no lo van a ver".
Has traído el cuerpo del crimen por decirlo así frente a la cara del sujeto
¿Puedes hablarnos del porqué de esta decisión?
Yo creo que esto comenzó con algo muy personal, entonces hay que hacer visible lo evidente. Ya está ahí, solo hace falta algo para que lo notemos otra vez, porque se volvió tan cotidiano que nadie lo ve. ¿Qué pasaría si en lugar de un perro estuviera un sujeto? Sería diferente.
¿Qué te gustaría que hicieran con tu cuerpo cuando mueras?
Me gustaría que con mi cuerpo hicieran lo que quisieran, simplemente que volviera a la tierra, como algo cíclico, que la tierra que me hizo muy feliz se vuelva a nutrir de mí.

En la exposición de la obra haces hincapié en todo el proceso previo
¿Por qué? ¿Cómo reacciona la gente a todo esto?
El proceso lo mostré porque era un requisito académico. Ver desde donde lo hice, desde que lo recojo hasta que lo desollo y quedan los huesos, la gente se sorprendió mucho porque parecía una carnicería, pero era un proceso para llegar a una pieza y un proceso muy feo, porque la primera vez que yo lo hice no me sentí feliz porque yo estaba invadiendo, me sentí invasora, sentí que le falté al respeto al cuerpo del animal, en mi interior le llegué a pedir disculpas: "Lo siento pero si no hago esto, no lo van a ver".
Conocimos también una de tus obras que estaba relacionada con "Tragedias de Carretera", pero que era más bien performática
También hice un performance donde las personas pisaban la piel del perro para llegar a una esponja, era una esponja blanca pero cuando tú la ibas pisando se iba ensuciando de sangre, justo esta pieza performática fue hecha porque vas en el coche, lo pisas con las llantas y no lo sientes pero ¿qué pasaría si tu cuerpo experimenta la sensación de una piel y luego el frío de tus pies mojados de sangre de un ser vivo que acabas de asesinar?
Al final ¿con qué te ha dejado este proceso? ¿Crees que has cumplido con tus objetivos?
Yo solo que quería que la gente se acercara y experimentará más de cerca el hecho de que los perros no son seres que no tengan importancia, son tan importantes como nosotros, la vida es mágica ¿Cómo puede no importarte algo de lo que no entiendes su origen? No entiendo, también es una cuestión de desesperación de que yo digo: Mundo ¿qué pasa? ¿Qué sucede? El animal merece mínimo un poco de respeto.
No busco hacer un movimiento animalista, esto es muy personal. Y si alguien lo toca, yo encantada, si a ti te toca lo que te estoy contando ojalá que te quedes con eso y respetes a los animales.

Creo que mi pieza va sobre el dolor, la nostalgia, la melancolía que yo siento cuando perdí a mi mejor amigo, que era un perrito, él se llama Pegaso, todo lo que él me dio en la vida fue fundamental para mi bienestar emocional, estoy muy agradecida con él y cuando lo fui a buscar a las carreteras me di cuenta que había muchísimos perritos que eran arrollados, que seguramente alguien los estaba buscando, y si no era así mínimo merecen ser enterrados.
Yo creo que en esta situación los asesinos somos nosotros.
Erika Zavala, San Luis Potosí, México


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